Logo
 

Doble vuelta al mundo en solitario sin escalas

 
 
 
 
El comienzo de la historia
____________________________________________________________________________________________________________________________
Joshua Slocum_

Solo a un marino mercante se le podía haber ocurrido llevar a cabo una singladura como la que emprendió Joshua el 24 de abril de 1895, en en plena transición entre la época dorada de los grandes clippers y la llegada del vapor. Por la proa de su Spray, balandro de 37 pies de eslora aparejado en yawl y completamente reconstruido por el propio Slocum, el cual le fuera obsequiado por su amigo, el Capitán Eben Pierce; desfilaron 46.000 millas en una aventura que le llevaría a cruzar tres veces el Atlántico para dar la vuelta al mundo en solitario.
Maestro de maestros, de Slocum han hablado todos los grandes de la navegación a vela y todos ellos han envidiado, en mayor o menor medida, las cualidades marineras del Spray y sus fantásticas aptitudes para mantener el rumbo solo con el equilibrio de sus velas.
Mas de ochocientas reproducciones del mítico velero, han surcado y surcan los mares de hoy en día.

Capitan Slocum
El Spray se demostró como un barco con una capacidad marinera extraordinaria, capaz de mantener el rumbo sin desviarse y sin tener nadie al timón (con éste atado).
Spary a toda vela

El capitán Slocum nació en Nueva Escocia en 1844. A los doce años se independizó de su familia, enrolándose en los pesqueros de la bahía de Fundy. La escuela del mar fue dura y provechosa para él, y nueve años más tarde, después de haber pasado por todos los empleos de a bordo, obtuvo su primer mando de capitán en el Northern Light.

Constructor, arquitecto naval, pescador, armador, Slocum tuvo siempre trabajos relacionados con la mar; pero nada le hacía tan feliz como la navegación en solitario, que practicaba a la menor ocasión. Esta pasión le llevó en el año 1895, a dar la primera vuelta al mundo, solo, en un velero de 11 metros que él mismo había reconstruido de un arrumbado velero.

Joshua
 
Slocum inició su última singladura el 4 de septiembre de 1909, con la intención de remontar el Orinoco. Ni de su querido barco ni de él, se han vuelto a tener noticias. Continúa, sin embargo navegando en el corazón de todos los marinos. Slocum fue, sin pretenderlo, con su saber y su coraje, el indiscutible padre de la vela moderna de crucero; sus cualidades de escritor y narrador convirtieron y convierten a muchos soñadores a soltar amarras.
Spray

____________________________________________________________________________________________________________________________

Vito Dumas

Vito tenía una pequeña estancia en la provincia de Buenos Aires. Vendió todos sus animales, contrajo préstamos y mandó construir el Lehg II, un yate de 9,55 metros de eslora, 3,30 de manga, 1,75 de calado.
En pleno invierno; no pudo comenzar en peores condiciones. Cubrió las cuatro mil millas hasta llegar al África en 55 días; de ellos, 45 en constantes borrascas. Durante ese trayecto se le infectó el brazo derecho. Que quedó inutilizado durante semanas.
Cuenta en su libro Los Cuarenta Bramadores que, desesperado por la fiebre y por el intensísimo dolor, intentó amputarse el brazo. La hinchazón se había hecho monstruosa. En la noche del 11 de julio, mientras una furiosa tempestad se abatía sobre el Lehg II, tomó un cuchillo y se dispuso a iniciar el corte. No alcanzó a introducir el acero en su carne. Se desmayó. Piensen lo que quieran: cuando despertó, su litera estaba empapada de pus; en el brazo se había abierto un orificio de ocho centímetros por donde drenó la infección, el dolor había desaparecido y recobró el movimiento. La tempestad pasó, y pudo dormir por primera vez en muchos días.
El 21 de julio, se internó por una región helada, donde soplan vientos de hasta 140 kilómetros por hora, con olas de hasta 16 metros de altura. El lehg II, maravilla de la ingeniería náutica, superó airosamente todos los obstáculos.
Pero Vito Dumas se demostró un eximio navegante, que jamás extravió el rumbo. Después de 55 días de navegación el Lehg II ingresó en la Bahía de la Mesa, en Ciudad del Cabo hasta el 14 de septiembre, en que inició la etapa más dura: Ciudad del Cabo – Nueva Zelanda siguiendo “La derrota imposible” del mar Índico, que ningún navegante solitario había podido realizar.
El primer temporal que enfrenta dura tres días y tres noches. Cuando desciende en la cala, se encuentra que un tanque ha perdido toda su carga de 200 litros de agua potable. Le quedan solamente 160 litros para afrontar la extensa travesía de más de siete mil millas. Se alimenta con chocolate, galleta con mucha manteca, dátiles y vitamina A y C. Cuando cumple 42 años, se ofrece de regalo una botella de champán…
El 9 de noviembre, lleva 56 días de navegación. Le quedan solamente 50 litros de agua. De pronto la calma chicha. Diez días infernales, paralizado bajo un sol inclemente. El agua se agota; vuelven los vientos y el 22 cruza el meridiano antípoda de Buenos Aires: ha cumplido media vuelta al mundo. Se le termina el agua, y comienza a beber agua de mar, que tolera muy bien. Contrae escorbuto y le resulta casi imposible masticar. El sueño inducido por la debilidad lo acosa día y noche.
Para este buen católico, el día de Navidad trae el mejor de los regalos: avista las costas de Nueva Zelanda. Llegará el 27 de diciembre de 1942: ha navegado solo, sin escalas, 7400 millas en 104 días.
El 30 de enero de 1943 reemprende la navegación: quedan cinco mil millas hasta llegar a Valparaíso. Una nadería… Pero se cae y se rompe dos costillas. Se cura en el trayecto. Y luego un tranco: 3500 millas entre Valparaíso y Buenos Aires por el terrible Cabo de Hornos.
Vito Dumas permanece siete días enteros al timón. El 07 de julio de 1943, un año y una semana después de su salida de Montevideo, entra en el puerto de Mar del Plata. En los primeros días de agosto, Vito Dumas llega a Buenos Aires, cuyos habitantes le tributan una gigantesca bienvenida.

Sus relatos, su forma de interpretar la navegación, hizo que muchos de los actuales navegantes solitarios, lo consideren como a un verdadero guía espiritual, mas aún, si su derrota se encuentra cerca de los 40 bramadores.  

Don Vito
Vito Dumas, "El navegante solitario" nació el 26 de septiembre de 1900 en Palermo (Buenos Aires) y pasó su infancia en un campo de Trenque Lauquen (Bs. As.). Fue boxeador, nadador, aviador y navegante solitario.
La formación de Vito Dumas está enraizada con la actividad deportiva. En su adolescencia no discrimina y vuelca su fortaleza en la gimnasia, el atletismo, la lucha, el boxeo incipiente, la natación...
Vito y el cigarrillo

El último gran recorrido

Su último gran raid, con 54 años, lo inició el 23 de abril de 1955 y nuevamente puso proa a Nueva York, en una sola escala, 7.100 millas, 117 días, proeza que logra en 1955 con su nuevo barco, el Sirio, una embarcación más pequeña aún que el Lehg II.También estuvo durante más de 90 días sin conocerse noticias de su ubicación. Desfalleciente, llegó a las islas Bermudas en estado desesperante; se repuso admirablemente y doce días después volvió al mar, arribando a Nueva York el 25 de septiembre de 1955, en medio de un tremendo ciclón. Había necesitado 117 días para cubrir 7000 millas marinas.
Y llegó un día, un 28 de marzo de 1965, en que después de una aventurera vida, Vito Dumas falleció víctima de un derrame cerebral.

El Gran Vito

Con su traje de agua, aguantando las inclemencias del tiempo por los 40 bramadores.
Vito ante la prensa

Plano del Legh II

El Legh II en Cape Town

Legh II

____________________________________________________________________________________________________________________________

Bernard Moitessier

Bernard Moitessier nació en Indochina en 1.925. Se inició en la navegación en su juventud con los pescadores del golfo de Siam, y más tarde surcó como patrón los legendarios mares del Sur.

Vivió en solitario ochenta y cinco días en alta mar y se estrelló contra la costa. Tres años de trabajo en la isla Mauricio le permitieron zarpar de nuevo con un barco construido por él mismo. Pero volvió a naufragar, y, sin barco, sin dinero, sin familia y casi, sin amigos, permaneció bloqueado en las Antillas, hasta que consiguió llegar a Francia. En 1963, acompañado de su esposa Françoise, dobló por primera vez el cabo de Hornos, uniendo sin escalas Tahití con Europa. En 1968 realizó la proeza de dar una vez y media la vuelta al mundo en solitario y sin escalas (El largo viaje).

Era la recta final e iba en cabeza, pero en el último instante se lo pensó mejor, dio media vuelta y se negó a desembarcar. Bernard Moitessier estuvo a punto de terminar su vuelta al mundo en solitario en cabeza de la carrera. Tras varios meses de navegación, su velero rojo -de nombre Joshua- flotaba de nuevo sobre el océano Atlántico, era 1968. Al marino le bastó con conservar su estilo de siempre para llegar el primero a Inglaterra. Pero esta larga ruta se convirtió en una revelación sobre su relación con el mundo y consigo mismo.

Jamás volvería a Inglaterra.El museo del siglo Nunca terminaría esta carrera. Con la ayuda de su sextante, Moitessier se propuso dar media vuelta y eligió una nueva ruta. No disponía, entonces, de medio alguno de comunicación y lanzaba el siguiente mensaje al puente de un carguero: "Sigo, sin hacer escalas, hacia las islas del Pacífico, porque soy feliz en el mar y quizás para salvar mi alma".

Atrás dejó los regalos y los premios de la prestigiosa competición y puso rumbo a Tahití. De esta forma, se convirtió en el mentor de toda una generación de amantes de la vela, por haber sabido decir "No" al dinero y a la gloria. Al final, consiguió realizar una vuelta entera alrededor de la Tierra, 10 meses de soledad, y atracar en la Polinesia.

Este gran marino no podía imaginar la navegación sin sextante, con el que encontraba la dirección tanto de día como de noche. Su magia consistía en llegar a su destino gracias únicamente a este utensilio de cuyo manejo se convirtió en un virtuoso. Su sueño: convertirse en un auténtico juglar de las estrellas... reencontrarse consigo mismo en contacto con el cielo y reservar la mecánica sólo para casos de emergencia."Cuando se han bordeado las grandes extensiones hasta las estrellas, mas allá de las estrellas, se tiene una nueva visión de las cosas." Rehusar el regreso a Europa y su civilización, una vez completado el ciclo, para dirigirse al Pacífico en busca de "la isla", es una forma de la consciente revuelta frente a los falsos valores del mundo moderno. El largo viaje, es un canto, un poema al mar, donde el hombre, su barco y los elementos se funden y vibran al unísono.
En 1983 construyó su tercer barco y partió hacia Hawai, donde luchó contra las pruebas nucleares en el Pacífico (Tamata y la alianza). Bernard Moitessier murió en Francia en 1996.

Bernard y su cigarrito

 

Bernard

EL Joshua

Bernard

Bernard y Berni

Bernard

____________________________________________________________________________________________________________________________

Robin Lee Graham

El viaje alrededor del mundo a bordo de un velero es algo que se hace actualmente con regularidad. Sin embargo, ¿qué pasa cuando el único tripulante es un joven de 16 años que quiere dar la vuelta al mundo como el tripulante más joven hasta entonces y cuya única experiencia en el mar es una pequeña travesía donde estuvo a punto de morir ahogado con dos amigos? Las experiencias de alta mar y en solitario hacen que, cinco años después, este muchcacho sea un hombre formado a través de los viajes y de la soledad.

Un bote viejo lleno de parches. El mar que se abre ante los ojos de dos muchachos escolares y que se aventuran a hacerse a la mar en esa embarcación y que poco tiempo después se convierten en la noticia, primeramente porque no se les da oportunidad de seguir con vida ante una primera tormenta, y después porque han sido "rescatados". En realidad, los muchachos pasaron bien la tormenta y se acercaron a una fiesta porque su bote prácticamente se había ido a pique:

"Creo que no fue el valor, ni tampoco la estupidez lo que impidió que pensara que podríamos ahogarnos. Era simplemente que todas mis energías estaban concentradas en mantener al HIC a flote."

Por supuesto, los comentarios sobre la aventura fueron numerosos pero hubo uno que sobresalió de entre todos ellos:

"...lo que realmente me ha llamado la atención en su actitud de «queríamos saber si podíamos hacerlo»... Piensen lo que habría significado para el mundo la eliminación de la actitud de esos muchachos. ¿Habría Colón descubierto América? ¿Habrían logrado los hermanos Wright volar en Kitty Hawk? ¿Se habría escalado el monte Everest? ¿Es que nuestros antepasados hawaianos habrían descubierto estas islas encantadoras?
"Un poco de sangre caliente con su impulso de hacer cosas que otros ni intentaron, de ver qué es lo que hay más allá de la próxima colina y de no poner atención a las consecuencias, son cosas tan norteamericanas como la tarta de manzana. Es evidente que los que critican con tanta dureza a estos muchachos jamás saltaron el vallado del vecino o nadaron en una charca prohibida, o cometieron una trastada en la fiesta de Hallowe'en... ¿Irresponsables? Sí. ¿Irreflexivos? Sí. ¿Pero que la juventud de este país está podrida? ¡Tonterías!"

Robin Lee Graham, se conoce a sí mismo a la edad de 15 años: "Yo sabía qué es lo que me gustaba, qué es lo que quería dejar atrás. Pero también sabía que había algo «allá lejos» que yo deseaba desesperadamente. Era una posibilidad de ser el hombre que quería ser, una convicción de que había nacido libre, de que tenía unos derechos por nacimiento que no me podían ser negados." (p. 21) "Mis propios tiranos eran los bocadillos de mantequilla de cacahuete y la gente de los despachos sombríos que insistía en que llevara zapatos; gente decidida a disponer de mi vida según patrones cómodos, empujándome de aquí para allá, hasta que pudiera ingresar a salvo en su sociedad, llevando cuellos blancos y trajes grises, tarjetas de crédito en mi billetero, guardando bastones de golf en el gabinete bajo la escalera y un automóvil pagado a medias en el garaje." (p. 15)

Todo esto lo sabe su padre cuando lo apoya y lo deja marchar a dar la vuelta al mundo en solitario a bordo de un velero llamado Dove:

"En el fondo de mi corazón sé que lo más justo es haberle dejado marchar. Él se sentía hoy más feliz que nunca, o que probablemente lo será. Y más feliz a los dieciséis años que mucha gente lo será después de llevar una vida cómoda, alargándola hasta un final seguro.

"Lee conoce los riesgos que va a correr, como sabe que hay riesgos en casa. Nadie puede ser [sic] enteramente protegido de los percances de la vida.

"Pero falta algo. Hay una gran sensación de vacío en este bote. Tengo ya veintiún años; pero es duro contenerse las lágrimas. No dejo de repetirme que es la última etapa y que la haré más rápidamente que las otras."

Solo el entusiasmo de saber que su vuelta se aproxima le hace dar cuenta que ya no vuelve hecho un niño, sino todo un hombre con la sabiduría que el mar le dió

El Dove
"Si le ocurre algo a Lee —y si eso ocurriera sería mi fin—, aún seguiría creyendo que hice por él lo que era debido.
"Tenga éxito o fracaso, está cumpliendo con su destino. Todos tenemos una sola vida: algunas son cortas y otras largas. Él ama la vida y quiere obtener de ella algo más que lo que obtendría sometiéndose a los convencionalismos por temor al qué dirán, o por ser un rostro más en el rebaño multitudinario." (Carta del padre a su esposa).

¿Qué es lo que va a hacer un muchacho de apenas dieciséis años en un velero alrededor del mundo? En sus palabras, a conocerse a sí mismo. "Estaba empezando a dominar la sapiencia del mar, a aprender a leer las nubes, a observar el rumbo de las algas marinas, que señalaban la dirección del viento. Incluso mi arte culinario mejoró. Me enteré de los minutos necesarios para hervir bien un huevo, y cuánta agua hay que añadir a los cereales calientes. Desarrollé el sentido del oído. Hasta dormido podía percibir un cambio en el viento o en las condiciones marinas."

"Todos hemos sido creados de modo diferente, por supuesto. Algunos de nosotros conocemos cimas de felicidad más altas y depresiones más profundas que la felicidad y depresión de otros, que no pueden gritar de alegría ni nunca pierden su frialdad. En cuanto a mí, si yo veo la hierba más verde que otras personas, si oigo sonidos que ellos no oyen, he de pagar el precio en periodos de frustración y soledad."

Su viaje de cinco años es apenas la introducción a la vida real: "En el mar he aprendido lo poco que una persona necesita, y no lo mucho. Me pregunté por qué los hombres se aferran a la vida como si el universo dependiera de ellos. Me pareció que hay mucha gente que se contiene de hacer las cosas que verdaderamente desea sólo por temor. Las sociedades menos complicadas parecían comprender mejor esto que los pueblos del mundo civilizado. La soledad había hecho que me diera cuenta de que el hombre es totalmente insignificante en el universo, como una motita de polvo."

Robin & Patti

Por supuesto, tal viaje es algo novedoso, pues se trata del navegante solitario más joven del mundo (en esa época) y es seguido a lo largo de varios reportajes del National Geographic y ocasionalmente de su novia, a quien alcanza siempre en tierra porque no quiere tener tripulación en su viaje para que sea realmente un viaje en solitario y después de cinco años, se acerca a su punto de partida:

Más que un récord en navegación, Dove es el descubrimiento de un mundo personal muy intenso a través de todas las peripecias que vive en alta mar y en tierra: "...la felicidad no tiene fronteras... es un estado de ánimo y no una posesión, no una ruta marcada a través de la vida, no una meta que puede ser ganada, sino algo que se goza sutilmente como una niebla vespertina o el sol matinal; algo que escapa a nuestro dominio." (p. 139) "...sabía que la vida es algo más que ver horizontes marinos, que saber colocar una veleta Hassler o tomar la posición según la altura del sol. Pero estaba seguro de haber aprendido muchas cosas que me serían útiles, algo que incluso será una contribución a nuevas formas de pensamiento, las esperanzas y objetivos de una juventud que está harta de la opresión y la codicia de la sociedad."

Pero Dove es también una crítica muy ilustrativa de la civilización y de cómo quiere engullirlo a uno: "¡Dios mío! ¡Es cierto que existen ciudades y que la gente vive en hueveras de cemento!"

"Un "pensamiento marino" que yo quisiera compartir aquí es que esta vida tiene que tener una tensión: la tensión de dirigirse a otro puerto o de hallar una pieza de repuesto para hacer una reparación, o enfrentarse a una borrasca.

Quiero decir que la persona que está realmente enferma es la persona que no tiene objetivos en la vida, ni ambición, ni aspira a nada.

No tener una meta debe ser como navegar en calma chicha por toda la vida."

Robin y Patti

 

___________________________________________________________________________________________________

Número de visitas:
Copyright © velero tomara